LOS CONCIERTOS BE PMKAVEMILNo tenemos mucho que decir del aegundo eoncierto de la soeiedad de profesores que di-rige el maestro Vazquez. La senora Montigny no era ya ana novecfad. Aunque siempre cor-recta y segura en la ejeeucion, la verdad es que el publico conocia ya perfecfcamente lo que vale eomo artista la Sra. Montigny, y ds-ta, por su parte, no t jvo buena eleccion al preferir el eoncierto en sol de Mendelssohn, que es muy conocido en Madrid. La soeiedad no se disticguid tampoco por sa acierto en la eleccion de lasobras nuevas que interprets la orquesta. Ki eoncierto fad, por lo tanto, de los que el publico llama Jl'jjos.La seflora Montigny fud obsequiada por laSoeiedad con una eiegante corona despues de la ejecucion del eoncierto de Mendelssohn. Llamada con insistencia por el pblico, por ser el tiltimo eoncierto en que ioma parte, la Sra. Montigny ejecutd la *S'tiriam, de Adler, que tntos aplausos le valid en el eoncierto anterior.En la tercera parte del eoncierto, toed la senora Montigny, acompanada por la orques-ta, una introauccion y allegro del jdven compositor francos Benjamin Godard. Distmguese esta obra por sus efectos de instrumentacion, aunque no siempre son del meior gusto, por-que tiene onos golpes de platillos que nos pa-recen fuera de lugar en una obra de esta clase. La segunda parte, 6 sea el allegro, vale bastante mas que la introdnccion; sobretodo, tiene mas novedad. Kl publico acogid la pri-mera parte con cierta frialdad y aplaudio la segunda. A los aplausos del publico, eontesto la senora Montigny ejecutando la fantasia-de Thalberg, sobre motivos del Don Juan de Mozart, que interpretd en el eoncierto anterior. No es ni puede ser obra del gusto moderno; pasaron afortunadamente eaas fantasias gim-nasticaa qu^ parece no tenian otro objeto que trastornar y disfrazar las ideas de los compo-sitores.La orquesta ejeeatd en la primera parte una overtura de Glinka, ya conocida, la .tercera overtura de la Leonora^ de Beethoven, que valid i la Soeiedad jnstisimos y entu-siastas aplausos, y el preludio del Dihwioy de Saint-Sagns. que fue un veidadero triunfo para el Sr. Perez. Este jdven y notable pro-fesor, al ejecutar el solo de violin de dicha obra, sostuvo sin desventaja el reeuerdo de Paul Viardoty demostrd que es un verdadero artista.En la tercera parte toed la orquesta dos obras nuevas, ambas de poca importancia; una serenata amor os a para instrumentos de cuerda, del jdven compositor italianoRoeder, primer premio del Oonservatorio de Milan, y una raarcha triunfal de la sefiorita dona So-ledad Bengoechea. Esta obra tiene bastante brillantez, pero recuerda demasiado alguna marcha de Meyerbeer.E. M. -